En el año 2013, tras la muerte de su padre, la traductora ucraniana Anna Grechishkina (36) dejó su natal Kiev y su trabajo como encargada de recursos humanos en un banco para subirse a una moto y recorrer el mundo. Hoy lleva tres años viajando, más de 20 países recorridos y una trayectoria de 100.000 kilómetros que pretende duplicar para romper un récord Guinness: establecer el trayecto más largo realizado por una mujer en moto, atravesando todos los continentes.

Paula Digital.

El 26 de julio de 2013 la ucraniana Anna Grechishkina encendió su moto –una KTM Adventure de 1.195 CC.– rodeada de cientos de personas y reporteros de diarios, radios y canales de televisión de Ucrania. Ella, una licenciada en Lingüística que había trabajado como traductora, sin hijos, sin hermanos y sin padres –ambos habían fallecido–, iba a iniciar la aventura de su vida: viajar sin fecha de retorno. Hizo sonar el motor, aceleró y partió rumbo a Bielorrusia, país vecino a una hora y media de su natal Kiev, su primera parada en este largo viaje que la ha llevado a recorrer Tailandia, Malasia, Singapur, Australia, Estados Unidos, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, donde está ahora a la espera de una visa para partir rumbo a África.

“El día que partí, todo Ucrania sabía quién era, no tenía chance para arrepentirme o devolverme en un par de meses. No era una alternativa fracasar”, afirma hoy. En los compartimentos de su moto llevaba 10 poleras, dos pantalones, ropa interior, un par de zapatillas, un traje de baño y una chaqueta para la lluvia. También dos libros, un computador, una cámara de fotos y un celular. Plata: 1.000 dólares. Ni un peso más.

Cuando tenía 23 años, Anna conoció a un motoquero –prácticamente su único amigo, porque cuenta que era muy solitaria–que la motivó a inscribirse en una escuela de motociclistas. Con un crédito compró su primera moto: una usada de 125 CC. Gracias a las andanzas que tuvo con esa moto, empezó a escribir en un foro donde compartía sus viajes. “Por primera vez me sentí reconocida por algo, las personas se interesaban en mí. Pasé de tener dos amigos a tener más de 30”, cuenta. Y también empezó a viajar con su moto. Primero recorrió Ucrania. Luego, visitó Moldavia, Rumania y Bulgaria. Viajes cortos que le hicieron ganar confianza. Siguió con Turquía, Georgia, Grecia, Siria, Jordania y el Líbano. Hasta que finalmente hizo un viaje de cuatro meses a India, en 2012. Entonces se incubó en ella la idea de hacer en su moto un viaje mucho más largo. Uno sin fecha de término.

Se demoró un año en planificarlo. Por las mañanas trabajaba en una fundación y en un banco, y por las tardes se sentaba con decenas de mapas a organizar las rutas por las que pasaría de un país a otro. Se reunió con varios gerentes de empresas locales para buscar auspicios; solo consiguió que dos bancos de Kiev la patrocinaran con un monto que no superaba los 1.000 dólares. Averiguó los países en los que requeriría visa y los valores de transporte de la moto en aviones y barcos. Consiguió que la patrocinaran con una moto KTM Adventure cero kilómetros del año, de 1.195 CC. y 350 kilos, con la empresa fabricante, y que le dieran un seguro de salud que puede usar en todo el mundo mientras dure su viaje. Y, además, buscó contactos de conocidos de amigos donde alojar en los primeros países que visitaría.

Lecciones de viaje
Anna llegó a Chile en diciembre de 2015 y recorrió desde San Pedro de Atacama hasta Tierra del Fuego, deteniéndose en Bahía Inglesa, Valparaíso, Santiago, Cochrane, Puerto Natales y Torres del Paine, entre otros lugares. Luego pasó a Argentina, donde recorrió desde Tierra del Fuego hasta Bahía Blanca por la ruta 3. Ahora está en São Paulo, Brasil. Cuenta que en un viaje como el que ella ha estado haciendo hay que estar abierta a lo fortuito. A que pasen cosas. Cuando llevaba 60 días viajando, recibió un correo inesperado. Una amiga de Kiev había conocido a la princesa tailandesa Mom Luang Rajadarasri Jayankura en una visita que realizó la heredera a Ucrania, donde se enteró del viaje-proyecto de Anna llamado “I have a dream”.

Cuando Anna aterrizó en Tailandia la esperaban dos hombres vestidos de negro con un cartel que tenía escrito su nombre. En un auto blindado la trasladaron al palacio de la princesa, quien la hospedó en una habitación durante tres semanas. Le regaló atuendos típicos de la realeza tailandesa y le designó un masajista, un cocinero y cinco guardias de seguridad que la escoltaron en los 20 días en que recorrió ese país.

Anna junto a la princesa Mom Luang Rajadarasri Jayankura en Bangkok, Tailandia. Noviembre de 2013.

“Cuando planificaba el viaje pensaba que la plata iba a ser un problema, por eso nunca le dije a nadie que había salido con 1.000 dólares de Kiev. Pensaba que nadie tomaría en serio, pero se fueron dando situaciones inesperadas. En cada país que visito alguien me ayuda. Los alcaldes, la policía y la gente común y corriente me donan dinero y me ofrecen comida y alojamiento en sus propias casas”, dice. Recientemente recibió 4.000 dólares del departamento de KTM en Sudamérica, quienes, además, financiaron la revisión técnica de su moto y los costos de envío para los tramos aéreos y marítimos en su estadía por Sudamérica. “A veces me pregunto ¿cómo tanta suerte? Este viaje ha sido perfecto. Nunca he sentido miedo. Es como que el mundo estuviera alineado, como si este viaje fuera mi misión en la vida, mi aporte al mundo”, asegura. Y agrega: “Yo sé que quienes me conocen piensan ‘qué miedo, una mujer sola’. Y es verdad. Estamos más expuestas. Pero basta con no tomar decisiones estúpidas. De alguna manera ser mujer es algo positivo: recibes más ayuda, protección y admiración, y es mucho más sencillo lidiar con la policía y la aduana. De alguna forma, somos más inofensivas”.

Pero no todo ha sido tan fácil. La mitad del tiempo que Anna lleva viajando lo ha pasado sola, en la ruta, durmiendo en un colchón inflable, con un saco de dormir y una carpa de 50 x 50 cm. que cubre solo su cabeza. Sin embargo, reconoce que ni el hambre ni el frío han sido su mayor desafío. “Cada vez que me subo a la moto pienso en mi papá. Eso ha sido lejos lo más difícil. Este viaje ha sido una manera de escapar de su muerte”.

Anna despertando en Guanajuato, México, luego de pasar la noche en la ruta con un saco de dormir y una carpa de 50×50 cm. que sólo cubre su cabeza. Febrero de 2015.

Cuando Anna tenía 30 años, su padre –quien tenía serios problemas con el alcohol–, murió, con lo que ella quedó sin familia, pues no tiene hermanos y su mamá había muerto años atrás.

“He tenido que aprender a perdonarme a mí misma por no haberme atrevido a preguntarle qué lo aquejaba, qué era lo que sentía y por qué tomaba tanto”, dice. Y agrega: “Vivía con el miedo a perderlo y quedarme sola, pero cuando murió ya no había nada que me atemorizara. Me sentí libre. Este viaje es por él y cada vez que voy manejando siento que viaja conmigo. Es mi forma de honrarlo. Todavía pienso que cuando regrese él va a estar ahí”, confiesa.

Pero en su viaje no solo ha tenido la oportunidad de recorrer distintos lugares del mundo, también ha dedicado gran parte de su experiencia a visitar y ayudar en escuelas públicas, centros de adultos mayores, fundaciones, circos y hogares de menores en riesgo social de los países que visita. “Esta es mi manera de devolverle la mano al universo y de limpiar mi culpa por no haber sido una mejor persona e hija”, reflexiona.

Parte del financiamiento de su viaje se debe a las donaciones de crowdfunding –cooperación colectiva a través de redes sociales–, que recibe desde diferentes lugares del mundo de parte de cibernautas anónimos en su página www.ihaveadreamtravel.com. En la plataforma comparte sus testimonios, fotografías y videos de los lugares que visita, y también en su página de Facebook: Female World Trip on Motorcycle.

En una visita al Centro de Cáncer de Niños, en Durango, México. Febrero de 2015.

Ya cumplió tres años viajando y calcula que le quedan otros dos por delante para recorrer África y Europa, salvo por Bulgaria, Rumania, Grecia, Turquía y Polonia, que ya conoció en viajes anteriores. “No sé lo que pasará cuando termine, pero estoy segura de que se vienen cosas grandes. Cuando partí nunca pensé en dar conferencias ni charlas motivacionales. Todo se ha ido dando como una grata sorpresa”, cuenta con una sonrisa que achina sus ojos verdes. The world from my bike será un libro que recopilará 500 fotografías acompañadas de una breve historia o anécdota de este viaje. Podrá prepagarse durante todo este año para recibirlo en julio de 2017 por 30 dólares, en cualquier parte del mundo, con una dedicatoria personalizada. El 85% de las ganancias apoyará su próximo recorrido por África, mientras que el porcentaje restante será donado para propósitos sociales y caridad.

“Estoy a mitad de camino de convertirme en un récord mundial, ¿lo puedes creer?”, dice haciendo referencia a la solicitud al Guiness World Records que envió hace un año –y que ya fue aceptada– para batir el récord de la mujer con más kilómetros recorridos en moto (180.000 km.). Lleva 101.000. “A veces me canso de la incertidumbre, de no establecerme en ningún lugar ni saber qué es lo que voy a hacer al otro día, pero después me imagino volviendo a Ucrania como una ganadora, con mi récord a cuestas, y se me pasa”, confiesa riendo.

Source: Paula Digital